Este 22 de abril, el Centre d’Estudis Avançats de Blanes (CEAB) ha acogido una nueva sesión de los seminarios científicos con investigadoras e investigadores de referencia impulsados gracias al programa MaX-CSIC, concebidos para favorecer el contacto del personal investigador con perspectivas externas que estimulen nuevas preguntas y una investigación transformadora. En este marco, el investigador José María Gómez Reyes ha presentado una ponencia que revisa uno de los esquemas clásicos de la ecología: la separación rígida entre mutualismo y antagonismo.
Gómez es catedrático de Ecología en la Universidad de Granada y profesor de investigación en la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA-CSIC). Su investigación se centra en la biología evolutiva de las interacciones entre especies y en cómo estas modelan el funcionamiento de los ecosistemas.
En la conferencia, titulada The fuzzy logic of ecological interactions, ha defendido que buena parte de las interacciones ecológicas no encajan bien en etiquetas fijas como “mutualistas” o “antagónicas”. El núcleo de su propuesta es que los efectos de muchas relaciones bióticas no son estáticos, sino que se sitúan a lo largo de un continuo entre efectos positivos y negativos, porque los organismos suelen ejercer simultáneamente beneficios y costes sobre sus interactores.
Esto implica una reformulación relevante del marco clásico con el que se han descrito las relaciones entre especies. Más que hablar de compartimentos cerrados, la propuesta sitúa mutualismo y antagonismo como posiciones dentro de un gradiente. Esta distribución de efectos no responde solo a cambios ambientales o contextuales, sino que se plantea también como una propiedad inherente de muchas interacciones bióticas, derivada del hecho de que los organismos imponen al mismo tiempo efectos beneficiosos y perjudiciales sobre otros.
Uno de los puntos centrales de la ponencia ha sido la presentación de un nuevo modelo matemático desarrollado por Gómez y colaboradores que describe las relaciones entre especies como un gradiente de efectos —de más beneficiosos a más perjudiciales—, en lugar de clasificarlas en categorías fijas.
Uno de los ejemplos más ilustrativos es la sinzoocoria, es decir, la dispersión de semillas por animales que al mismo tiempo pueden actuar como depredadores de esas mismas semillas. Este caso aparece como una expresión especialmente clara de una idea central en la investigación de Gómez: una misma especie puede ser a la vez aliada y amenaza dentro de una misma relación ecológica.
La ponencia también ha remarcado que esta perspectiva continua puede ser útil para interpretar mejor la arquitectura real de las comunidades ecológicas. La combinación de interacciones ayuda a entender mejor cuestiones como la robustez de las comunidades y su respuesta ante perturbaciones o pérdidas de especies.
El mensaje de fondo de la sesión ha sido que la naturaleza suele explicarse peor cuando la obligamos a encajar en dicotomías demasiado limpias. El nuevo modelo presentado por Gómez formaliza esta complejidad representando las interacciones ecológicas como un continuo de efectos, y no como categorías fijas.
Una mirada ecoevolutiva sobre las relaciones entre individuos del mismo sexo en mamíferos
La segunda parte de la jornada, en formato entrevista-coloquio con el investigador del CEAB Daniel Oro, se ha centrado en la investigación de José María Gómez sobre los comportamientos sexuales entre individuos del mismo sexo en mamíferos, excluyendo a los humanos, abordados desde una perspectiva ecoevolutiva. Gómez ha explicado que estos comportamientos son más frecuentes en especies sociales, lo que apunta a una relación estrecha entre socialidad y evolución de estas conductas.
El investigador ha distinguido patrones diferentes entre machos y hembras. En machos, estos comportamientos aparecen más a menudo en especies con violencia intraespecífica y se plantean como un posible mecanismo de reducción o modulación del conflicto. En hembras, en cambio, esta asociación con la violencia no se observa, lo que apunta a dinámicas evolutivas distintas, probablemente más vinculadas a funciones de cohesión social que a la gestión de la agresión.