Así lo concluye un estudio internacional, con participación del CEAB-CSIC, publicado en Nature Communications. El análisis de 85 lagos situados en diferentes puntos del planeta ha identificado 200 especies amenazadas que dependen de ellos, así como beneficios clave como la regulación del clima local o la prevención de la liberación a la atmósfera de polvo perjudicial, entre otros.
La investigación ha sido llevada a cabo por un equipo formado por más de 60 especialistas de 20 países, procedentes de instituciones como el Centro Helmholtz de Investigación Ambiental (UFZ), la Academia Rusa de Ciencias, la Universidad de Oxford o el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC).
Según explica uno de los coordinadores, Egor Zadereev, de la Academia Rusa de Ciencias en el centro científico de Krasnoyarsk, en Siberia: «La idea nació en 2018 durante un congreso de limnología en China. Con el investigador Alfred Burian hablábamos de por qué los lagos salinos estaban tan infravalorados. Nos dimos cuenta de que era necesario recopilar datos a escala mundial. Lo que vino después fue un gran esfuerzo internacional». El investigador destaca la contribución de los miembros de la International Society for Salt Lake Research (ISSLR), que aportaron datos y conocimientos clave para alcanzar el alcance global de la investigación.
El otro coordinador del estudio, Alfred Burian, del Centro Helmholtz de Investigación Ambiental de Leipzig, continúa: «Trabajábamos en puntos completamente diferentes del planeta, en ecosistemas ecológicamente muy distintos, pero resultaba sorprendente ver que los retos de gestión eran prácticamente los mismos. Y a medida que se incorporaban investigadores al estudio, esa percepción se reforzaba. Escuchábamos una y otra vez que los lagos salinos estaban sometidos a presiones crecientes y en proceso de desaparición».
Emili O. Casamayor, investigador del Centro de Estudios Avanzados de Blanes y coautor del trabajo, lleva más de 20 años estudiando los lagos salinos del desierto de Los Monegros y explica: «Los lagos salinos suelen estar infravalorados porque se juzgan a partir de los servicios que esperamos de los de agua dulce, como el suministro de agua potable o de riego, o bien los usos recreativos. Este estudio demuestra que son importantes: sostienen especies amenazadas, albergan una gran biodiversidad microbiana todavía poco conocida con funciones ecológicas clave y gran potencial biotecnológico, evitan la liberación de elementos nocivos a la atmósfera, regulan los microclimas… Aportan beneficios que todavía desconocemos y que, si no nos apresuramos a conservarlos, podríamos perder antes incluso de llegar a conocerlos».
El equipo ha recopilado la información mediante una encuesta internacional a especialistas en lagos salinos, que ha integrado conocimiento científico, local y de conservación.

Entre los resultados destaca la identificación de 200 especies incluidas en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) que dependen de estos lagos de una u otra forma, el 53 % de las cuales son aves, muchas de ellas dependientes de estos ecosistemas como lugares de descanso y alimentación durante sus largas rutas migratorias, gracias a la abundancia de algas, Artemia y otros invertebrados. El estudio muestra además que los lagos salinos presentan algunas de las tasas de producción primaria más elevadas por unidad de superficie.
También se concluye que estos ecosistemas albergan formas de vida con un patrimonio genético único desarrollado para adaptarse a sus condiciones particulares. Esto tiene interés científico para comprender la evolución y adaptación de la vida en la Tierra y en otros planetas, pero también interés industrial con aplicaciones en alimentación, farmacia, agricultura y cosmética. En concentraciones salinas extremadamente elevadas, que pueden alcanzar hasta diez veces la del agua de mar, viven comunidades microbianas con adaptaciones únicas a condiciones extremas de gran interés biotecnológico.
Mucho más allá de los beneficios económicos
Los lagos salinos tienden a concentrarse en regiones áridas y semiáridas y proporcionan servicios ecosistémicos esenciales que a menudo pasan desapercibidos.
Por ejemplo, el lago Turkana, entre Kenia y Etiopía, evapora diariamente enormes cantidades de agua que posteriormente contribuyen a las precipitaciones en regiones vecinas como Sudán del Sur, desempeñando un papel clave en el clima de toda la región.
Otro caso destacado es el de los fondos secos de los lagos que retroceden o desaparecen. Además de su papel en el balance global de emisiones, generan polvo salino y dispersan otras partículas perjudiciales que son transportadas por el viento y tienen efectos sobre la salud humana y los ecosistemas. Un ejemplo paradigmático y bien documentado es el mar de Aral, desaparecido casi por completo a causa de las presiones humanas.
Sin embargo, este fenómeno no es exclusivo del mar de Aral, sino que también se produce en muchos otros lagos salinos, algunos de ellos situados en zonas especialmente vulnerables. La dispersión atmosférica de partículas y microorganismos es precisamente objeto de estudio por parte de investigadores del CEAB-CSIC a través de proyectos como AEROSMIC y DRYLANDS, financiados por la Agencia Estatal de Investigación y los fondos FEDER. Estos proyectos utilizan Los Monegros como sistema modelo para analizar cómo las transformaciones locales de estas zonas húmedas pueden tener repercusiones a escala global, favoreciendo la dispersión de microorganismos y la conectividad entre ecosistemas a través de la atmósfera, así como alterando los servicios ecosistémicos que proporcionan.
Cinco recomendaciones para protegerlos
Los lagos salinos son especialmente vulnerables al cambio climático y a las presiones humanas directas, como los cambios en los usos del suelo o en la gestión hídrica, al tiempo que presentan características que dificultan su conservación, como el hecho de que un mismo lago alterne de forma natural periodos secos y fases de expansión considerable.
Teniendo en cuenta estas características particulares, los investigadores resumen en cinco puntos sus recomendaciones para conservarlos:
- Gestionar toda la cuenca hidrográfica, no solo el lago, e incluir las aguas subterráneas.
- Tener en cuenta la amplia variabilidad natural de estos ecosistemas.
- Implantar programas de seguimiento a largo plazo para anticiparse a tendencias irreversibles.
- Implicar a todos los actores y usuarios, especialmente en sistemas compartidos por varios países.
- Aplicar estrategias de gestión adaptativa frente al cambio climático para que, pese a las transformaciones, continúen siendo ecosistemas funcionales y no se pierdan sus servicios.
El equipo de investigación espera que las evidencias aportadas y esta voz conjunta de 64 expertos internacionales de 20 países contribuyan a mejorar la percepción social de los lagos salinos y a situarlos en el lugar que merecen ocupar en la agenda internacional de conservación.
