La Conversa, la versión en catalán de The Conversation, se estrena con un artículo firmado por uno de nuestros investigadores. Pone en valor la taxonomía, la disciplina que identifica, describe y clasifica con rigor las especies que descubre la ciencia.
(a continuación, se reproduce el artículo firmado por Daniel Martín Sintes y María Capa Corrales y publicado en La Conversa el 27 de abril de 2026)
El pez humano, el árbol DiCaprio, la avispa Chewbacca o los gusanos espagueti cavernícolas: poner nombre a las nuevas especies es un trabajo más complejo de lo que a menudo se percibe desde fuera, y del que suelen trascender solo los aspectos más anecdóticos o curiosos. Pero ¿cómo procedemos realmente los científicos cuando descubrimos una nueva especie?
El primer paso es el hallazgo de un organismo aparentemente desconocido. Reconocerlo como tal es responsabilidad de los taxónomos, los científicos especializados en el estudio, la descripción y catalogación de las especies. Esta tarea implica documentar de manera exhaustiva la morfología y justificar, con criterios objetivos, por qué se trata de una entidad diferente de todas las previamente descritas.
Nombre y apellido
El sistema binomial, así como los primeros sistemas de clasificación de los seres vivos, fue establecido a principios del siglo XVIII por Carl von Linné. En aquel momento, la lengua de comunicación científica no era el inglés, sino el latín, y por este motivo los nombres científicos se construyen siguiendo las normas gramaticales de esta lengua.
Cada especie nueva recibe un nombre científico binomial, formado por dos palabras. La primera corresponde al nombre de género, el “apellido”, que informa del parentesco de la especie con otros organismos cercanos. La segunda es el epíteto específico, el “nombre propio”, que caracteriza cada especie dentro de su género. La combinación de ambas da lugar a un binomio único, inequívoco y universal.
La gastronomía autóctona como fuente de inspiración
En 2025, en el marco del proyecto BIOCAVE, descubrimos en una cueva anquialina de las Islas Baleares una nueva especie de gusano de la familia de los terebélidos, conocidos popularmente como gusanos espagueti.
Las características singulares de este nuevo gusano podrían haber conducido a un nombre relacionado con su morfología, su hábitat cavernícola o su distribución geográfica. De hecho, la propuesta que adoptamos integraba estos tres aspectos: al tratarse de un gusano espagueti balear, optamos por escoger un nombre arraigado en la cultura gastronómica de Mallorca, haciendo referencia a un tipo de pasta similar a los espaguetis producida en la localidad de Porreres. Así, la nueva especie recibió el nombre de Polycirrus burballes, y la etimología publicada especifica:
El nombre de la especie burballes, que en catalán mallorquín significa ‘virutas’, hace también referencia, en la cocina mallorquina, a un tipo de pasta similar a los espaguetis producida tradicionalmente en la localidad de Porreres. Se utiliza aquí como nombre en aposición para aludir de forma lúdica al nombre común ‘gusanos espagueti’, con el que se conoce a los terebélidos.
Los ‘Fraggles’ panameños

Esta especie está dedicada a los Fraggles (los personajes creados por Jim Henson), unas criaturas extraordinarias que viven en Fraggle Rock y que comparten algunas similitudes con esta nueva especie. Ni Thelepus fraggleorum ni los Fraggles han pasado nunca por la peluquería…
Vidas alternativas: localidades geográficas y okupas
Las localidades geográficas constituyen otra fuente habitual de inspiración, y sus nombres reflejan el área donde fueron descubiertas o donde presentan una distribución emblemática. Entre ellas encontramos especies como Peudomastus deltaicus (Delta del Ebro), Marphysa gaditana (Cádiz), Paraelhersia knisnaensis (Sudáfrica), Inermonephtys brasiliensis (Brasil) u Ophriotrocha mediterranea.
Diferente es el caso de un poliqueto de la familia de los hesiónidos que descubrimos en las costas del sur de la península ibérica. Aunque la mayoría de sus parientes son de vida libre, esta especie vivía sistemáticamente en el interior de moluscos bivalvos.
Este hesiónido pertenece al género Oxydromus y su peculiar modo de vida inspiró el nombre Oxydromus okupa:
El epíteto específico okupa hace referencia al movimiento okupa surgido en España en los años 80 como respuesta a la dificultad de acceso a la vivienda…
¿Imitar o no imitar? Esa es la cuestión
Un gusano simbionte que vive expuesto sobre el cuerpo del huésped, en lugar de protegerse entre rocas o sedimentos, podría convertirse en una presa fácil para numerosos depredadores. Esta presión selectiva ha favorecido el desarrollo de diversas estrategias defensivas, entre las que destaca el mimetismo, que ha dado lugar a formas y coloraciones especialmente espectaculares. Estas características a menudo quedan reflejadas también en los nombres científicos.
Un ejemplo paradigmático es una especie de polinoideo o gusano escamoso que encontramos en Sulawesi (Indonesia) y en las islas Ogasawara (Japón). El gusano no solo vive entre las ramas del huésped, sino que se camufla imitando de forma extraordinaria su coloración: ramas de color violeta, pólipos blancos y órganos reproductores naranjas. Este espectacular mimetismo motivó el nombre Medioantenna variopinta.
A veces también optamos por nombres más poéticos, como el de un pequeño gusano al que denominamos Sphaerodorum ofiurophoretos, que significa “transportado por un ofiuroideo” (‘phoretos’ significa ‘transportado’ en griego). Más aún encontramos el sílido asociado a una estrella de mar al que llamamos Inermosyllis asteriakavalaris, un nombre que significa “jinete de estrellas de mar” y procede de las palabras griegas ‘asterias’ —estrella de mar— y ‘kavalaris’ —jinete—.
Homenajes
Los taxónomos, como especialistas, reciben homenajes en forma de nombres de nuevas especies por parte de sus colegas, como en el caso del gusano escamoso Anotochatetonoe michelbaudi, dedicado al taxónomo y ecólogo francés Michel Bhaud.
Los autores de este texto también hemos sido homenajeados de la misma manera con las especies Syllis danieli y Hololepidella martini, o Brevicirrosyllis mariae y Lygdamis mariae.
Los reconocimientos más emotivos son, sin duda, los concedidos a título póstumo. Como Syllis kikeballesterosi, dedicado al amigo y ecólogo marino Enric “Kike” Ballesteros. Sin embargo, uno de los que más profundamente nos ha conmovido es Lumbrineris jan. Su etimología, parafraseando la frase final de la película de 1946 de Frank Capra Qué bello es vivir, dice:
El epíteto específico jan es un sustantivo en aposición. La especie está dedicada a la memoria afectuosa de Jan Ventura Buchaca (2008–2020), un joven valiente, hijo de Teresa y Marc y hermano de Sara. “Cada vez que suena una campana, un ángel gana sus alas”, pero Jan recibió las suyas demasiado pronto.
Investigar, describir y dar nombre a las especies constituye un primer paso imprescindible para conservar los ecosistemas que forman parte del patrimonio natural compartido. Y si, además, esos nombres pueden cargarse de significado y el proceso se vive con pasión y disfrute, ¿qué más podemos pedir los taxónomos?

