Un estudio científico identifica a Chondrosia reniformis como una especie prometedora para estrategias de renaturalización de ambientes portuarios degradados.
Los puertos son entornos esenciales para la actividad humana, pero también algunos de los hábitats marinos más alterados. La contaminación, la escasa renovación del agua y la transformación física del litoral dificultan la supervivencia de muchas especies autóctonas y limitan la recuperación de su biodiversidad. Ahora, un nuevo estudio, publicado en Frontiers in Marine Science, identifica una aliada inesperada para actuaciones de restauración ecológica en estos hábitats: una esponja capaz de resistir y prosperar en estas condiciones adversas y de actuar como «ingeniera del ecosistema», favoreciendo la recuperación de la vida marina. La revista científica ha destacado el estudio por su relevancia científica y sus implicaciones para la restauración de ecosistemas costeros.
La investigación, liderada por Manuel Maldonado y Carlota Escarré, del equipo de Ecobiología y Biotecnología de Esponjas del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), en colaboración con la empresa Ocean Ecostructures, evaluó durante 455 días la capacidad de cinco especies diferentes de esponjas mediterráneas para sobrevivir, tras ser trasladadas desde su hábitat natural, en un puerto deportivo. Los resultados fueron concluyentes: de las cinco especies estudiadas, únicamente una mostró una capacidad extraordinaria para adaptarse al ambiente portuario. El 91,7% de los ejemplares de Chondrosia reniformis sobrevivió durante todo el experimento, mientras que las otras cuatro especies no resistieron el proceso: sus individuos murieron poco después de ser trasladados al puerto o ni siquiera superaron la fase previa de preparación en laboratorio.
La supervivencia de esta especie no fue el único hallazgo del estudio. Los investigadores observaron que posee una notable plasticidad biológica. Aunque al principio redujo ligeramente su tamaño tras el traslado al puerto, después estabilizó su biomasa y mostró comportamientos sorprendentes en estos organismos. Los individuos fueron capaces de desplazarse lentamente sobre el sustrato, recorriendo hasta 12,7 centímetros durante el seguimiento, reorganizando continuamente su forma para adaptarse a las condiciones ambientales.
Además, algunos ejemplares desarrollaron una estrategia reproductiva especialmente valiosa para proyectos de restauración: durante los meses más cálidos se dividieron de manera natural, originando nuevos individuos genéticamente idénticos. Gracias a este proceso de reproducción clonal, la población experimental aumentó de 24 a 40 esponjas sin necesidad de nuevas intervenciones humanas.
El estudio también documentó la elevada capacidad de recuperación de esta especie frente a episodios de enfermedad. Uno de los individuos sufrió varias infecciones a lo largo del experimento, perdiendo parte de sus tejidos en distintas ocasiones. Sin embargo, logró regenerarse completamente en cada episodio y continuar desarrollándose con normalidad, una característica especialmente relevante en entornos sometidos a múltiples factores de estrés.
El investigador del CEAB-CSIC, Manuel Maldonado, subraya: “La sorprendente capacidad de Chondrosia reniformis de desplazarse le da una ventaja ecológica poco común. Puede modificar su posición si las condiciones locales empeoran o si aumenta la competencia por el alimento o el espacio, y puede refugiarse en zonas más protegidas frente a la contaminación, los depredadores u otros factores. Esta habilidad, junto con su resiliencia y su capacidad de dividirse, generando clones, la convierte en una especie especialmente fuerte y en una candidata excelente para proyectos de restauración ecológica en ambientes portuarios”.
Esponjas en arrecifes artificiales para recuperar la biodiversidad
Las esponjas desempeñan un papel esencial en el funcionamiento de los ecosistemas marinos. Filtran grandes volúmenes de agua, eliminando bacterias y virus, reciclan nutrientes esenciales y proporcionan refugio a numerosos organismos. Por ello se consideran ingenieras de ecosistema, capaces de modificar el ambiente y favorecer el establecimiento de otras especies. Los autores remarcan que el objetivo del estudio no era demostrar que puedan restaurar por sí solas un puerto degradado, sino identificar especies capaces de soportar las condiciones de estos entornos para incorporarlas, junto con otros organismos, a estrategias de renaturalización.

El proyecto también incorporó una innovación tecnológica desarrollada por la empresa Ocean Ecostructures. Las esponjas se fijaron sobre placas fabricadas con materiales cerámicos reciclados, instaladas a su vez en estructuras metálicas recubiertas con una capa de carbonato cálcico obtenida mediante electrólisis en agua marina. Estas estructuras, llamadas “Unidades Fomentadoras de Vida” (Life Boosting Units) facilitan el asentamiento natural de otros organismos alrededor de las esponjas, reforzando la función de éstas como ingenieras de hábitat.
El equipo apunta que, en el contexto de urbanización del litoral, la renaturalización de los puertos pasa por estas soluciones que combinan ingeniería ecológica con especies autóctonas suficientemente resistentes para prosperar en ambientes degradados. El caso de Chondrosia reniformis, concluyen, ofrece una vía prometedora para avanzar hacia infraestructuras portuarias más compatibles con la vida marina.